sino brillo yo, brilla mi ausencia, no me odiais a mi, ODIAIS A VUESTRA IMPOTENCIA.

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domingo, 17 de julio de 2011

Ella duerme tras el vendaval.


-¿Nunca te han entrado ganas de verme llorar?
Negué con la cabeza mientras dejaba caer la ceniza de mi colilla sobre la servilleta. Observé cómo el humo se alejaba y esperé a que interviniera de nuevo.
-¿Y no quieres hacerme llorar?
Apagué la colilla y la cubrí con la servilleta. La aplasté con la palma de mi mano y la alejé un poco de mí, hacia el centro de la mesa.
-Si salgo ahora por esa puerta, ¿llorarías?
Guardó silencio unos segundos y negó con la cabeza.
-Entonces no puedo hacer nada para arrastrar tus lágrimas.
-¿Te irías?
-Sólo si quieres llorar.
-Si te pido que me hagas llorar, me harías llorar. Pensaba que era de esas cosas que a la gente no le gustaba ver.
Carraspeé, la nicotina se arrinconaba tras mi lengua.
-Yo sólo me limito a vivir. Y yo no vivo en mí.
Dormimos en su casa y me apetecía verla llorar. Así que me vestí y cerré la puerta tras de mí. Y esperé toda la noche sentado en el rellano al amanecer.